A veces, en noches como ésta, a estas horas cuando tan sólo escucho el pitido fino del silencio, miro hacia adentro, miro hacia mí misma para descubrir lo que hay dentro, descubrirme sensaciones; toco mis paredes, descubro en el tacto irregularidades que provienen de otro cuerpo que me dejó huellas. Una mano en la espalda, hace semanas, que aún sigue fresca sobre mi cemento, una mano que sostenía mi costado, que lo acariciaba con calma, que me traducía lo que no salía de los labios, ni siquiera de los ojos; una mano a la que yo le di un guión, a la que yo le asumí un valor deseado por provenir de su dueño. Una ilusión, al fin y al cabo, que debería consumirse pero que no lo hace, porque no es una estrella fugaz. También descubro la sombra de una boca sobre la que guardo un arsenal de pacifistas que sólo quieren proclamar el amor con palabras. Yo callo, suspiro, cierro los ojos. Dejo de rebuscarme porque también encuentro el dolor. Cierro los ojos...
Todos los trenes me recuerdan al mismo en el que te vi marchar. Tu mirada estaba cansada y perdida, despistada entre los vagones y la multitud. Tu boca impaciente por perder de vista a la mía, tus manos buscaban perderse entre otras ruinas, que no fueran las mías. En ellas ya no había nada que pudieras arreglar. Todos los hombres por la calle me recuerdan a ti, porque me miran como ahora me miras tú. Ya nadie me mira como antes lo hacías. No recuerdo tu olor ni siquiera el tacto de tu piel, tampoco qué era abrazarte al atardecer. No me acuerdo de tu risa ni cuántos lunares escondías, ni cuántos segundos por un beso tuyo perseguí. Ya no te echo de menos, aunque a veces admito que sí. Cuando el viento me sopla en la nuca y no eres tú. Cuando la calma me proclama la guerra y no estás en mi habitación. A veces lloro por ti en la barra de un bar y me acuerdo de lo que era quererte mientras suena una canción. Curiosamente, todas las canciones ...
A veces te encuentras de repente con alguien sin haberle estado buscando, que le pone de nombre a lo vuestro serendipia y lo piensas, y de pronto tiene todo el sentido del mundo. Y a veces, es entonces cuando conectáis de golpe. Como la bailarina y el bailarín profesional que están hechos para bailar juntos y ganar el concurso. Como la madre y el recién nacido cuando se ven por primera vez. Como enchufe e interruptor hechos a medida para dejar pasar entre ellos toda la corriente. Como dos auriculares que son guardados y se enrollan porque están predestinados a hacerlo siempre por mucho cuidado que se tenga al guardarlos. Como dos pies que se buscan de noche en una cama y se enredan. Como dos manos que encajan perfectamente como piezas de puzzle. Como cuando se va la luz y de golpe vuelve y se encienden todas las luces. Como Daisy y la luz verde. Como Tom cuando ve a Summer por primera vez y después ésta le canta en el ascensor la canción de The Smiths que él está esc...
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